lunes, 15 de febrero de 2021

¿De qué depende el precio de un seguro de coche?

 


El titular que arranca este post parece una pregunta de fácil respuesta, de las que te harían si fueras un niño en primero de la ESO o participases en un concurso de televisión de los que reparten mucho dinero a cambio de casi nada. A la gran mayoría de nuestros lectores les vendrá a la cabeza una clara respuesta a bote pronto: el precio de un seguro de coche depende de las coberturas, de qué va a ser. 

Factores que influyen en el precio de un seguro de coche

Sin embargo, siendo esto tan obvio como cierto existen numerosos factores que influyen en el precio a pagar por cualquier persona que contrate un seguro de coche. Como veremos, las compañías de seguros tienen en cuenta prácticamente todos los aspectos a la hora de valorar la cuantía de la prima que deberá abonar cada cliente. Os los detallamos a continuación.

El perfil de riesgo, esencial

Las compañías estudian cada caso particular con el fin de estudiar cuál es el perfil de riesgo, teniendo en cuenta muchísimos aspectos con el objetivo de determinar si a priori existe una mayor o menor probabilidad de siniestro, aspecto que redundará de manera decisiva en el precio de la póliza mediante una sencillísima norma: a más riesgo, más costoso será el seguro (o, si lo queremos enfocar de otra manera, cuanto menos probabilidades haya de que se produzca un percance más económicas serán las primas a pagar por el tomador).

A grosso modo para baremar el precio de un seguro de coche se tienen en cuenta dos grandes aspectos. Uno de ellos son las características del conductor, analizándose aspectos cruciales como su edad y la antigüedad de su permiso de conducir, que determinarán su experiencia no sólo al volante, sino también vital. Como es obvio las personas más jóvenes y con menos años de carnet tendrán que abonar un coste más elevado por su seguro, pues su desempeño en la carretera conlleva un mayor riesgo.

Otro dato crucial es el historial de siniestralidad de la persona que se quiere asegurar, en positivo y en negativo. Una persona que no ha dado nunca un parte o que al menos no haya tenido culpa en accidentes en los que haya estado involucrado denota prudencia, destreza y fiabilidad al volante, lo que puede tener la recompensa de un seguro económico; sin embargo, los conductores que se hayan visto involucrados en el pasado en varios siniestros en la carretera seguramente tendrán que pagar un precio más elevado por su póliza… e incluso, en algunos de los casos podrían ver cómo la aseguradora opta por no cubrirles.

Otros factores que la compañía de seguros también podría considerar con respecto al conductor son los puntos que tenga en el carnet, su lugar de residencia -pues siempre hay zonas con menor o mayor índice de siniestralidad , y la frecuencia con la que use su vehículo particular. La antigüedad como asegurado también puede ser una baza a favor de éste si su trayectoria es positiva.

El otro factor clave son las características del vehículo a asegurar, desde la antigüedad del mismo a su marca, modelo y versión, lo que indicará a la compañía datos fundamentales respecto a la seguridad que ofrece – no es lo mismo un utilitario que un monovolumen- o su cilindrada -los coches más potentes y veloces, como los deportivos, suponen un mayor riesgo de accidente que los de gama media-. También entran en juego aspectos como la posesión por parte del conductor/asegurado de una plaza de garaje, así como si el vehículo dispone de dispositivos antirrobo o de otros accesorios adicionales.

Y sí, también las coberturas

Y claro, después de todo lo ya citado, como destacábamos en el inicio es obvio que la modalidad del producto que se escoja y las coberturas de las que se dispongan determinarán decisivamente el precio de la póliza. Los más económicos son los seguros a terceros (cuyas modalidades más básicas cubren la responsabilidad civil, la defensa jurídica y los daños personales), mientras que los de precio más elevado son los seguros a todo riesgo, que a las garantías ya citadas pueden añadir muchas más: ampliación de RC, de daños corporales y de servicio de terceros, asistencia en viaje, rotura de lunas, daños al coche por colisión con animales, robo, incendio o pérdida total.

Por último, no podemos dejar de citar otro factor de perogrullo pero esencial: la compañía por la que apostemos para que nos asegure. La mejor apuesta siempre pasará por una equilibrada relación calidad-precio, procurando estar bien cubiertos por un producto económico pero completo e intentando no caer ni en el infraseguro ni en el sobreseguro.


 

lunes, 9 de noviembre de 2020

¿Qué es la franquicia de un seguro y cómo funciona?

 

Hoy vamos a acercarnos a uno de esos términos del ecosistema asegurador que pasa algo desapercibido entre otros más populares -prima, coberturas, póliza- pero resulta de crucial importancia y está presente en múltiples productos de casi todos los ramos. Es como ese vecino silencioso que paga el alquiler y no da problemas pero nadie sabe qué hace ni cómo se llama, como ese colega tímido del grupo de amigos que parece que no está pero sin embargo está. 

Hablamos de la franquicia, un concepto del que la mayoría tiene una cierta idea pero tal vez no de una manera certera, precisa y completa. ¿Qué es? ¿Para qué sirve? ¿Cuál es su razón de ser? ¿Qué tipos de franquicia existen? Son preguntas a las que arrojaremos luz en este artículo, con el fin de que vuestra idea se amplíe y precise. ¿Nos acompañáis?

¿Qué es la franquicia de un seguro?

La franquicia de un seguro es la cantidad económica que paga un asegurado por disfrutar de la aplicación de una determinada cobertura o servicio, cantidad que generalmente supone una parte del total del coste pues la otra corre a cargo de la aseguradora. Habitualmente viene descontada del importe que se reembolsa al cliente por parte de su compañía de seguros; es, de alguna manera, un sistema de copago entre ambas partes.

¿Cómo funciona?

La franquicia existe en casi todos los tipos de seguros -auto, hogar, comunidades, empresa, responsabilidad civil, salud, viaje- y, por tanto, se aplica en situaciones tan diversas como el pago de la reparación de los daños a un vehículo tras un siniestro de coche, el coste de una compleja intervención quirúrgica o los gastos de socorro y rescate de una persona perdida en la montaña. 

Como vemos este concepto es una figura todoterreno, o mejor dicho todoseguro. Sin embargo eso no implica ni mucho menos su obligatoriedad, pues habitualmente la oferta de las compañías a sus clientes incluye seguros con y sin franquicia y cada persona es quien tiene la última palabra contratar uno u otro.

Tipos de franquicia

Podemos distinguir tres tipos de franquicia en base a su funcionamiento y ejecución. Son estos: 

Franquicia fija

Establece una cantidad mínima que el cliente debe pagar al disponer de una determinada cobertura. Si el precio del servicio no supera esa cantidad, el coste íntegro corre a cargo del asegurado; en el caso de lo rebase, el resto del gasto deberá desembolsarlo la aseguradora. Imaginemos, por ejemplo, que se ha establecido una franquicia de 300 euros por el concepto de daños al coche del cliente y que este sufre un daño cuya reparación asciende a 500. En ese caso debería abonar 300, mientras que los otros 200 los pagaría la compañía de seguros. Si el coste de la reparación fuera, por ejemplo, de 150, los tendría que pagar íntegramente la persona asegurada, al no llegar esta cantidad al límite fijado.

Hay dos clases de seguros dentro de este tipo: los de franquicia absoluta, de los que ya hemos puesto un ejemplo; y los de franquicia relativa, que no dan derecho a reembolso si el daño del siniestro es inferior a la cifra que se haya pactado, pero sí ofrecen una indemnización completa a cargo de la aseguradora si el coste es superior. 

Lo comprenderéis mejor con un ejemplo. Supongamos que se ha establecido una franquicia de 250 euros; si el daño sufrido o el servicio disponible tiene un valor igual o menor a esta cantidad, el asegurado tendrá que pagar todo su coste; si su valor es superior (300, 400…) la compañía de seguros será quien abone todo el dinero.

Franquicia proporcional

Ambas partes, compañía y cliente, se reparten el coste del servicio en función de los porcentajes que se hayan estipulado en el contrato. De nuevo, un caso práctico para entenderlo mejor: si se ha establecido una franquicia del 20%, en el supuesto de que haya que realizarse un pago el asegurado se hará cargo de ese porcentaje del mismo y la aseguradora del 80% restante. 

Franquicia temporal

Habitual en numerosas pólizas de salud, en este caso la diferencia la marca el tiempo y no la cantidad de dinero. La compañía de seguros se hace cargo de los costes propios de una garantía a partir de una fecha, pero antes de ese día el cliente deberá ser quien pague en caso de que pretenda disponer de los beneficios de esa cobertura. Dicho de otra manera: una franquicia temporal es un periodo de carencia de los de toda la vida.

¿Por qué se aplica?

Ya hemos visto en qué consiste y cuáles son sus clases, pero todavía le quedará una duda al lector: ¿Cuál es su razón de ser? ¿Por qué se aplica? Principalmente para reducir el coste de gestión por parte de las aseguradoras, pues a menudo este resulta elevado para hacerse cargo de las garantías de menor coste y la operación no les sería rentable. De esta manera las compañías de seguros se ahorran la gestión y el pago de numerosos siniestros de escasa cuantía, lo que se traslada al precio resultando más económico para el asegurado.

Desde la perspectiva del cliente, los seguros con franquicia resultan mucho más económicos, pues invitan al asegurado a solicitar cobertura sólo cuando sea estrictamente necesario y esto hace que descienda la frecuencia con la que reclaman daños relativamente poco importantes.


 

jueves, 30 de julio de 2020

Diferencia entre contenido y continente

A grandes rasgos, la diferencia entre contenido y continente, conceptos que todos conocemos: el primero es el espacio que aloja el segundo. Sin embargo, esta diferenciación no resulta tan sencilla cuando

¿Qué es el continente del seguro de hogar?

En los seguros de hogar se considera como continente tanto la estructura del edificio como los elementos de construcción, esas partes de la edificación generalmente adjuntas a la estructura que no se pueden disociar de ella sin provocar un daño en el edificio. Por eso no sólo los cimientos, los muros, las paredes, los techos y las columnas formarían parte del continente, sino también las instalaciones del agua, la calefacción, calentadores y aire acondicionado, siempre que estén instalados de forma fija en el inmueble. La telefonía o la electricidad, antenas o elementos de decoración fijos como la pintura, el parqué, la moqueta y los armarios empotrados. En el caso de chalets o similar, la piscina se considera continente, así como las instalaciones deportivas y muros.

Todos los seguros de hogar deben contar, y más aún con tantos elementos en juego, con una garantía de responsabilidad civil, que cubra al asegurado de los daños que se puedan ocasionar a terceros; por ejemplo, si cae una maceta desde la vivienda y ocasiona algún desperfecto. Pero vamos a resolver la segunda cuestión…

 ¿Y el contenido?

 El contenido engloba todos aquellos elementos que, encontrándose en el interior de una vivienda determinada, no formen parte de su estructura, sirvan de utilidad o a modo de decoración. En esta amplia categoría incluiríamos casi de todo: muebles, mobiliario  de cocina, electrodomésticos, ropa, tecnología, material deportivo… Eso sí, en el caso de que contemos con objetos de un valor especial (joyas, obras de arte o cualquier otra pieza de un elevado precio) deberemos comunicárselo a la aseguradora por si hubiera que declararlas y valorarlas de modo independiente al resto del contenido.

Cómo calcular el valor del continente y del contenido

Para calcular el valor del continente la aseguradora debe saber qué capital quiere el cliente incluir como continente en la póliza, ofreciéndole antes una estimación previa, que generalmente se realiza multiplicando los metros cuadrados de superficie construida por el coste medio de la reconstrucción de una vivienda de características parecidas. 

Existen dos maneras de asegurarlo: a valor total, con lo que se cubre todo, por lo que en caso de que sucediera una desgracia que destruyese la vivienda el seguro se encargaría de toda la reparación y reconstrucción; y a primer riesgo, opción más económica pero con menores garantías, con lo que en ciertas circunstancias la póliza se haría cargo solo de una parte del coste requerido.

Para calcular el valor del contenido deberemos realizar un completo inventario de nuestras pertenencias más importantes e informar a nuestra compañía de seguros, teniendo en cuenta que joyas, obras de arte y otros objetos especiales suelen asegurarse a valor total. La valoración del resto de objetos la determinarán también entre ambas partes, generalmente teniendo en cuenta su valor de reposición: es decir, calculando el coste de cada objeto en el mercado y teniendo en cuenta variables como el desgaste, la antigüedad, la garantía o el funcionamiento de la pieza/s a tasar.